viernes, agosto 28, 2009

La Destrucción de Riqueza del “Gasto Social”

“Cuando las palabras pierden su significado la gente perderá su libertad” Confucio.

"La idea del socialismo es de inmediato grandiosa y simple...Podríamos decir, que de hecho, es una de las más ambiciosas creaciones del espíritu humano...,tan atrevida, tan magnífica, que ha con derecho levantado la mayor admiración. Por eso, si queremos salvar al mundo de la barbarie tenemos que refutar el Socialismo, y no quedarnos impávidos y permanecer al margen" Ludwig von Mises.

Nuestro Lenguaje Envenenado: La Engañosa Palabra “Social”

La palabra social, empleada por sí misma es relativa mente inocua, sin embargo, cuando se le usa como el calificativo “social”, se transforma cualquier expresión en la que es empleada convirtiéndola en confusa engañosa, lo “social” es lo más ambiguo de todo nuestro vocabulario moral y político. La confusión que disemina en cualquier área para la cual es empleada es parcialmente debido a que es usada no sólo para describir fenómenos producidos por varias formas de cooperación entre individuos, que integran una “sociedad”, sino que también se usa para describir las medidas u órdenes que promueven o sirven para producir la cooperación entre individuos. Para este último uso se ha transformado en un exhorto, como una idea de los moralistas racionalistas utilizan para desplazar toda idea que se le contraponga, y finalmente se emplea para sustituir la palabra “bueno” pero con énfasis en que es moralmente correcto.

Justicia Social y Derechos Sociales


Quizá el más perverso uso de “social”, el que destruye inmediatamente todo posible significado de cualquier palabra que califique es la frase “justicia social”. Esta frase, para empezar es un fraude semántico como si existiera la justicia privada, y una fuera una categoría de la otra.

Hayek reconoció que a fines del siglo XIX, cuando el término "justicia social" ganó prominencia, se usó al principio como un llamamiento a las clases dirigentes para que atendieran las necesidades de las nuevas masas de desarraigados campesinos que se habían convertido en obreros urbanos. A eso, él no tenía objeción. Lo que sí objetaba era al pensamiento chapucero. Los pensadores descuidados olvidan que la justicia, por definición, es social. Semejante descuido se vuelve positivamente destructivo cuando el término de "social" ya no describe el producto de las virtuosas acciones de muchos individuos sino más bien el objetivo utópico hacia el que todas las instituciones y todos los individuos "deberían ser llevadas a convergir en el mayor grado posible'' mediante la coerción. En ese caso, el "social" de la "justicia social" se refiere a algo que no emerge orgánica y espontáneamente del comportamiento respetuoso de la ley de individuos libres sino más bien de un ideal abstracto impuesto desde arriba, de algo que es justificable, de algo que es “moral”.

Por supuesto, derivado de la consecución de esta “Justicia Social”, se derivan los “Derechos Sociales”, que es como se llega a la Justicia Social: Los derechos a la educación, a la salud, al trabajo, a la habitación, etc. El Estado que se ocupará de usted, el Estado es el gran padre proveedor para que sus hijos desvalidos e inútiles, los hombres niño, puedan acceder a sus favores y gracias y vivir sin ninguna preocupación su existencia.

Pero la palabra “Justicia”, junto con lo “social” se aplica para cualquier acción, que remueva la “injusticia”, y la injusticia es, por supuesto, las diferencias en el ingreso de la población, así que justicieramente el Estado, está facultado, para tomar acciones que lleven a reducir o eliminar diferencias en el ingreso. Esto es “La Repartición de la Riqueza”. Por supuesto, debido a que las mayorías son las que tienen pocos ingresos, y siempre hay en la psique de los individuos un algo o un mucho de envidia del que tiene más, no necesariamente, de los inmensamente ricos, asegura a los políticos que promueven “El Primero los Pobres”, los votos para acceder al poder y ya ahí de aplicar políticas “re distributivas” del ingreso y de la riqueza. Sin embargo, esto es irreconciliable con el orden competitivo de los mercados, con el crecimiento económico, y sobre todo la acumulación de capital (más de esto más adelante), y aún el mantenimiento de la población y de la riqueza. Por consiguiente la gente, por medio de estos errores intelectuales, ha llamado “social” a lo que es el principal obstáculo para mantener una sociedad que se desarrolle y tenga mejores niveles de vida, así lo “social” debiera de llamársele “anti-social”.

Es probablemente cierto que los hombres se sentirían más felices si percibieran que sus condiciones económicas relativa a otros fuera lo que ellos mismos sintieran como “justo”. Sin embargo, la sola idea que se encuentra detrás de la justicia re distributiva – De que cada individuo debe recibir lo que moralmente se merece – no tiene ningún sentido en un orden de cooperación entre individuos, debido a que los recursos disponibles (en tamaño y aún en existencia) son totalmente neutros, indiferentes a las cuestiones morales. La humanidad no hubiera llegado jamás ni podría mantener su nivel actual de desarrollo sin la desigualdad la cual no está determinada por, ni es reconciliable con ningún juicio de índole moral.

El Gasto Social

La Justicia Social, los Derechos Sociales, la Desigualdad, son la justificación “moral” para ejecutar la justicia re distributiva mediante el expolio fiscal, para tener los suficientes recursos para ejercer el denominado “Gasto Social”.

Sin embargo, este Gasto Social requerido para lograr la Justicia Social mediante el Estado Benefactor ha sido y es un gran destructor de la riqueza, y no se ha reflejado en una disminución verificable de la pobreza ni en el campo ni en los centros urbanos tal y como advierte el Nóbel James Buchanan (1986) que considera que el "Estado de bienestar" debe ser abandonado porque es internamente corrupto, está moralmente en bancarrota y no merece ser rescatado. La razón principal de ello es que el gobierno está integrado por políticos y burócratas, quienes no son diferentes al resto de los seres humanos; no son ángeles, sino que, como todo ser humano busca siempre su propio interés, y actúa siempre para obtener su máximo beneficio, y no, como nos quieren hacer creer, por una visión más alta del bien común. De ahí su fracaso, de ayer, de hoy y de siempre.

En efecto, su fracaso como lo podemos verificar en la gráfica siguiente obtenida del último reporte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). donde nos muestra las estimaciones de pobreza por ingresos a nivel nacional y para los ámbitos rural y urbano de 1992 a 2008.



Por supuesto en la gráfica existe una subida correspondiente a la crisis interna de 1994-1995, pero después el número de pobres permanece prácticamente constante, con una baja en el 2006 (año electoral, que coincidencia), para luego volver a sus valores normales, que son alrededor de 47 por ciento de pobres patrimoniales, 25 por ciento de pobres de capacidades, y 19 por ciento de pobres alimentarios.


Así, es evidente que la pobreza se ha mantenido, desde el 2006, incrementándose, y, seguramente por la crisis actual, llegará fácilmente a los niveles de 1995-96. Pero no así el gasto social, que se incrementa a ritmo exponencial, la siguiente gráfica nos muestra su evolución como porcentaje del gasto público total.



Es decir, esta gráfica refleja el comportamiento de dos variables claves: la participación de los dos primeros deciles de la población en nuestro ingreso nacional (es decir, las familias más pobres del país) y la participación del “gasto social” en el gasto federal. El primero ha sufrido una caída de arriba de un 20% en el periodo 1990-2000 (misma que ha empeorado en el presente sexenio), al bajar de un porcentaje de arriba del 5% del ingreso nacional a 4% en la actualidad; el segundo, sin embargo, deja entrever un aumento exponencial en el gasto social, como la proporción del gasto federal total, al pasar de unos 38 centavos de cada peso gastado, a 63 centavos de cada peso en el presupuesto federal. La inferencia, a primera vista, es que las familias más pobres de la economía mexicana se han visto perjudicadas, no beneficiadas, del alza observada en el rubro del “gasto social”. Sin duda, hay varias explicaciones, pero un hecho es contundente: la brecha que se genera a partir de 1996 equivale a la renta burocrática derivada del gasto social—o sea, el hecho que un 75% del gasto social lo consume el aparato gubernamental.

Pero no sólo eso, la siguiente gráfica nos muestra la evolución del gasto corriente público en México.




Es decir el dinero que efectivamente se ha canalizado al denominado “Gasto Social” es exponencial pero sus resultados son contrarios a lo que se supone debía lograr: Reducir la pobreza, por tanto, este gasto es un enorme desperdicio de riqueza que se quema a lo estúpido, que desaparece, y que lo más importante, no sólo no cumple su objetivo, ya que el dinero sale de los bolsillos de los contribuyentes a los que se les está extraer para re distribuir, para compensar según esto la desigualdad. Y el resultado final es totalmente anti-social ya que la sociedad en su conjunto es más pobre.

En realidad el Gasto Social se va a mantener una enorme burocracia, y a despojar de la formación de ahorro y capital a los contribuyentes, que eso sí sacaría al país de la pobreza. .

Así que ya lo sabes, el gobierno ahora se aferra para mantener su “Gasto Social” para procurar la “Justicia Social” por medio de la re distribución de la riqueza, sólo que, ni proporciona tal justicia y sí destruye la riqueza. Por eso, sí, por esta razón fundamentalmente México es un país pobre y seguirá pobre mientras se insista en continuar con este modelo socialista que nos ha llevado al barranco.

1 comentario:

  1. Anónimo2:52 p.m.

    Con el pretexto de darle tortillas al paupérrimo pueblo mexicano, nuestros distinguidos políticos se sirven con la cuchara grande la mayor parte del presupuesto de México.
    ¡Qué vergüenza!

    S.P.

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