lunes, julio 19, 2010

El Estado Intervencionista

La Impopularidad del Capitalismo

El dogma fundamental de los socialistas y comunistas es que el sistema de economía de libre mercado lastima los intereses de las mayorías para beneficio de unos cuantos, de una minoría de individuos. Afirman que condena a las masas a la pobreza. El capitalismo, afirman categóricos trae miseria, opresión, degradación y explotación de los trabajadores, mientras que a su vez enriquece a una clase de burgueses inútiles y parásitos.

Debe decirse que contrario a lo generalmente aceptado, no fue Karl Marx el que empezó con estas ideas, fue mucho antes con los Fabianistas británicos, los profesores alemanes y los Institucionalistas americanos. Es muy significativo que la veracidad de este dogma fue rebatida por muy pocos economistas que fueron rápidamente ignorados, silenciados, expulsados y negado el acceso a las universidades, la prensa, los partidos políticos, pero sobre todo el acceso a las oficinas públicas. Así, la opinión pública acepta la condena al capitalismo sin ninguna reserva, sin capacidad de contrastar con lo que realmente es.

Por supuesto, las conclusiones políticas y prácticas que la gente derivó de este dogma no fueron homogéneas. Un grupo deseaba borrar completamente todos los males del capitalismo y dejar enteramente en manos del estado la propiedad de los medios de producción, esto es, abolir completamente el capitalismo. Son lo que crearon lo que conocemos como socialismo, comunismo, o capitalismo de estado, es igual la nomenclatura, son exactamente lo mismo.

Intervencionismo

Un segundo grupo, menos radical, rechaza el socialismo de la misma forma que rechaza el capitalismo. Recomiendan una tercera vía, una especie agua tibia que tome lo mejor de los dos sistemas el capitalista y el socialista pero no los defectos de ambos. Este sistema, es denominado intervencionismo.

Este sistema ciertamente que es muy popular, para según esto resolver los problemas económicos de la sociedad. Ellos ven dos clases bien distinguidas, por un lado, los capitalistas, los empresarios y por la otra la clase asalariada, los trabajadores y su enfoque se centra en como distribuir las utilidades capitalistas. Se dice que ambas partes quieren todo el pastel para sí mismos, así el estado como mediador partirá el pastel y lo repartirá entre las partes de forma equitativa. El estado como árbitro tendrá las facultades para intervenir y atemperar la avaricia del capitalista y asignar parte de sus utilidades a la clase trabajadora. De esta forma, es posible destronar al capitalismo “salvaje” y avaro sin la necesidad de entronizar el totalitarismo implícito en el socialismo o comunismo puro.

Sin embargo, este modo de pensar es completamente falso. El antagonismo entre el socialismo y el comunismo nada tiene que ver en como se reparte el “botín”. Es una controversia entre dos formas perfectamente distintas y antagónicas que tienen que ver con el como una sociedad se organiza económicamente. Esto es, el como una sociedad usará los recursos para producir bienes y servicios, para el capitalismo, la producción está en manos privadas y está sujeta a la voluntad consumidor que es el soberano y es el que decide que se debe producir y a que precio mediante su compra o abstención de ella. Los socialistas eliminan no sólo al empresario como propietario de los medios de producción, también al consumidor que deja de ser soberano y está atenido a la voluntad de los planificadores centrales que desean poner en su lugar lo que Marx llamaba “la anarquía de la producción”, bajo el control exclusivo del monopolio gubernamental. De esta forma, el antagonismo entre capitalismo y socialismo no se refiere a cómo se va a repartir un conjunto de bienes y servicios (o sus utilidades) se refiere al cómo van estos bienes y servicios ser producidos, notable e importante diferencia.

Así, ambos sistemas caen en conflicto y éste es irreconciliable, y no es posible establecer compromiso alguno. El control sobre la producción no es algo que pueda dividirse: O es el consumidor el que decide qué debe producirse para qué propósitos y usando qué factores de producción dando sus órdenes en el mercado, o es el estado el que se encarga de estos asuntos. No hay nada que pueda mitigar estos principios contradictorios, son mutuamente exclusivos.

El intervencionismo no es el santo Grial entre el capitalismo y el socialismo. Es el diseño de un tercer sistema de organización social y como tal debe de verse.

Como en los post más recientes me abstendrá de hacer juicios de valor, y tratar el intervencionismo desde un punto de vista preconcebido. Sólo me preocupa mostrar como se implanta el intervencionismo y si puede o no ser considerado un sistema de organización económico,

Bajo el sistema de economía obstaculizada, intervenida, o genéricamente bajo un estado intervencionista, tanto el gobierno como los empresarios son factores separados que actúan en la economía. Este sistema mixto existe en los mercados intervenidos. En contraste con el sistema puramente capitalista, bajo el intervencionismo la autoridad no se auto limita a prevenir perturbaciones, esto es, el gobierno usando su tamaño y fuerza actúa interviniendo y cambiando el desarrollo natural del mercado; mediante el establecimiento de órdenes y prohibiciones.

Los intervencionistas son enfáticos al afirmar que se mantiene la propiedad privada (en la mayoría) de los medios de producción, el empresariado y el intercambio en el mercado. Pero, el estado debe de forma apremiante prevenir que esas instituciones privadas se multipliquen caóticamente, haciendo estragos y que injustamente exploten a la mayoría de las personas. Es la tarea del gobierno arreglar las fallas del mercado mediante la restricción por órdenes y prohibiciones de la incontrolable avaricia y deseo de lucro desmedido de los capitalistas. Así, es posible abolir los males inherentes al capitalismo sin necesidad de abolirlo plenamente. Toda la regulación y disciplina impuesta sobre los codiciosos y avaros empresarios es el único método posible para que el totalitarismo implícito en el socialismo quede fuera para así salvar las mejores virtudes del capitalismo.

El intervencionismo son órdenes y prohibiciones aisladas emitidas por la autoridad a cargo del aparato de fuerza social, que tienen el efecto de obligar por la fuerza al emprendedor y propietario de los medios de producción a usar estos medios de forma distinta a como lo hiciera sin la intervención, bajo la presión sólo del mercado.

Sin lugar a dudas el gobierno tiene todo el poder para emitir órdenes y prohibiciones y asegurar su cumplimiento mediante su aparato de coerción, la fuerza pública. Pero ese no es el punto, lo importante aquí es si el gobierno puede lograr los objetivos que se propone con su intervención. ¿No será que estas intervenciones producen resultados que desde el punto de vista del gobierno interventor sean menos deseables que las que aparecerían bajo condiciones de libre mercado que está tratando de cambiar?

Consecuentemente no nos importa si gobierno está en mandos de hombres capaces o ineptos, nobles o innobles, probos o ladrones. Aún el hombre más capaz y probo sólo podrá alcanzar sus objetivos si utiliza los medios correctos.

Tampoco debe importarnos mucho todas esas intervenciones que la autoridad dirige al consumo. Por ejemplo, puede prohibir el consumo de ciertos alimentos ya sea temporal o permanentemente, digamos que por razones de salud o religiosas. La autoridad aquí asume el papel de guardián de ángel protector del individuo. Considera el gobierno que el individuo es como un niño, que es incapaz de ver por si mismo de lo que le hace daño o le beneficia así que debe protegerlo como padre amoroso de que pueda inflingirse daño.

La cuestión de si la autoridad debe dar este curso paternalista, no es ni política ni tampoco económica. Si la sociedad creé que la autoridad tiene sabiduría divina, que son iluminados, y que esta llamada a ser nuestro ángel de la guarda, nuestra providencia. Si uno creé que la autoridad tiene que representar los intereses de la sociedad en contra de intereses en conflicto derivados de individuos egoístas uno pudiera encontrar ese proceder con justificación. Si la autoridad es más sabia que todos los individuos que tienen su inteligencia y razón limitadas, si sabe mucho mejor que los propios individuos que es para su bien, o si la autoridad obliga al sacrificio del bienestar del individuo en aras del bienestar de la comunidad, entonces no deberá titubear para imponer como deberá ser el proceder de los individuos.

Por supuesto, sería un error creer que la tutela de la autoridad sobre el individuo permaneciera confinada sólo a asuntos de salud, que la autoridad se viera satisfecha sólo con prohibir o limitar el uso de sustancias tóxicas como las drogas, el tabaco, el alcohol, los alimentos con alto contenido en carbohidratos, pero, para todo lo demás, dejar la libertad del individuo inalterable. Sin embargo, lo que sucede es que una vez que la autoridad reconoce que debe y puede supervisar el consumo, cualquier consumo, bajo cualquier pretexto, de los individuos y restringir o prohibir, entonces estará encaminada a expandir su control, el que tan lejos irá dependerá sólo de la voluntad de la autoridad se hará prácticamente imposible impedir que la autoridad se siga tratando de controlar todas y cada actividad que los individuos puedan realizar que pasarán a estar bajo la tutela del estado. ¿Por qué sólo proteger a los individuos contra las sustancias tóxicas? ¿Por qué no también proteger sus almas y mentes de doctrinas y opiniones peligrosas? Al privar de la libertad de consumir en el individuo lógicamente nos llevará a privarlo de toda libertad.

Ahora podemos pasar a ver el problema económico del intervencionismo. Cuando se ve desde este punto de vista lo importante no son los objetivos que se desean lograr, estos pueden ser muy nobles y justificados, sino la forma en como esos objetivos supuestamente se van a lograr y si con ellos es posible o no lograr los objetivos objeto de la intervención. Es un hecho que la autoridad puede restringir la elección de consumo de los individuos y en consecuencia modificar el comportamiento del mercado, esto está fuera de toda discusión. Por este motivo el intervencionismo debe analizarse no bajo la perspectiva de acciones para modificar el consumo sino bajo la perspectiva de cómo las órdenes y prohibiciones afectan a las empresas y a los propietarios de éstas. Y así, poder evaluar si el gobierno puede lograr los objetivos buscados mediante la intervención.

Continuamos...

3 comentarios:

  1. Don Quijote11:03 p.m.

    ¡Felicidades! Y ánimo con este experimento.

    ¿Cuál experimento? Toda propuesta de información como ésta suele ser censurada por no convenir a los intereses intervencionistas. La pregunta es ¿hasta cuando?

    Suerte.

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  2. Don Quijote11:04 p.m.

    Mejor ser la burla de los sabios que elogiado por los muchos necios.

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  3. Gracias Don Quijote, veremos.

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