martes, noviembre 30, 2010

El pretender que se tiene el conocimiento

Este post, es sui generis, en primer lugar por que no es mío, pero es algo que tenía muchas ganas de publicar en español. Así que me avoqué a la tarea de traducirlo. Se trata de la conferencia magistral que Friedrich A. Hayek dio cuando recibió su premio Nóbel en la Academia Sueca.

Tenía muchas ganas de publicarlo por que sé que me leen muchos economistas y más importante aún, muchos estudiantes de economía, que se encuentran inmersos en la arrogancia típica de los economistas actuales que se creen todopoderosos y capaces de entender y peor aún de manipular los mercados “imperfectos”, creando con ello, graves crisis económicas, y mucho dolor y desesperanza en las sociedades y que amenazan con destruir la civilización.

Por esto, he recurrido a esta mente brillante, de la que me declaro, un ferviente admirador, y estudioso de sus ideas, que muy frecuentemente se contraponen con las ideas de los economistas del “mainstream”. Que son los que tienen el control de las universidades y medios de comunicación.

Sirva esta pieza de sabiduría y lección de humildad a los economistas, estudiantes de economía y el público en general. Tendrán armas intelectuales suficientes para poner en su lugar a los arrogantes economistas actuales, muy probablemente sus profesores, que tanto daño han hecho y siguen haciendo a toda la humanidad.

Resulta sorprendente que no obstante haber sido escrito en 1974 resulte tan actual: Desempleo, inflación, demanda agregada, arrogancia y más arrogancia por los que “dirigen” el curso de la economía….

Si, es largo, por eso mi silencio desde mi último post, tómense su tiempo para leerlo y digerirlo, créanme vale la pena. Al terminar su lectura, estoy seguro que cambiará su visión de la Economía como ciencia social, tal y como a mí me la cambió.




Friedrich A. Hayek

Conferencia magistral pronunciado al recibir el premio Nóbel en diciembre 11 de 1974

La ocasión en particular para esta ceremonia, combinado con los problemas prácticos que los economistas deben de abordar hoy, ha hecho que la selección del tópico sea casi inevitable. Por una parte, el reciente establecimiento del premio Nóbel a las Ciencia de la Economía es un paso importante en el proceso para el cual, en la opinión del gran público, se les ha concedido a la economía algo del prestigio y dignidad de las ciencias físicas. Por otra parte, los economistas están en este momento siendo llamados para que nos digan al mundo libre como salir de la seria amenaza de la inflación que se acelera sin freno, la cual, debe ser admitido, ha aparecido como consecuencia de políticas que la gran mayoría de los economistas recomendaron o aún urgieron a sus gobiernos que implantaran. Tenemos en este momento los economistas muy poco de que estar orgullosos: Como profesión hemos hecho un desastre de la cuestión económica.

Me parece a mí que esta falla de los economistas para guiar las políticas económicas de una mejor manera está íntimamente relacionado con la propensión para imitar lo más que sea posible lo procedimientos de las exitosas ciencias exactas – intento que en nuestro campo puede llevarnos directamente al error. Es un planteamiento que ha sido descrito como el querer adoptar una “actitud” científica – una actitud que como definí hace más o menos treinta años, “es decididamente poco científica en el correcto sentido de la palabra, debido a que implica la aplicación de hábitos mecánicos y sin crítica para campos distintos para los cuales fueron ideadas”. Quiero hoy empezar por explicar como los errores más graves en la política económica son una consecuencia directa del error de utilizar el método científico a la Economía.

La teoría que ha guiado a la política monetaria y financiera durante los últimos treinta años, y la cual he combatido es en gran parte el resultado de esa concepción errónea del procedimiento científico correcto, y que consiste en afirmar que existe una correlación simple entre el empleo total y el tamaño de la demanda agregada de los bienes y servicios; esto nos lleva a la creencia de que permanentemente podemos garantizar el pleno empleo manteniendo el gasto monetario total a un nivel apropiado. De entre las varias teorías que se han desarrollado para explicar el extenso desempleo, ésta es probablemente la única en que puede aducirse una evidencia cuantitativa importante. No obstante, yo la considero fundamentalmente falsa, y actuar usándola, como ahora se está haciendo, como algo muy dañino.

Esto me lleva a un asunto crucial. A diferencia de la postura que existe en las ciencias físicas, en economía y otras disciplinas que tienen que lidiar con fenómenos complejos, los aspectos de los eventos que deben de tomarse en cuenta y para los cuales deben adquirirse datos cuantitativos son necesariamente limitados y pueden no incluir los que realmente son importantes. Mientras que generalmente se asume en las ciencias físicas, probablemente con toda la razón, que cualquier factor importante que determina los factores observados puede así mismo ser observado y medido, en un estudio de un fenómeno complejo como lo es el mercado, que depende de las acciones de muchos individuos, todas las circunstancias que determinan los resultados del proceso, por las razones que explicaré más adelante, con dificultad serán conocidas y menos aún medibles. Y mientras que en las ciencias físicas el investigador esta capacitado para medir lo que es la base de una teoría prima facie, que el cree importante, en la ciencias sociales muy frecuentemente se considera importante aquello que sucede que es accesible a ser medido. Esto muchas veces se lleva al extremo de que es demandado que nuestras teorías san formuladas en términos que se refieren a magnitudes medibles.

Es muy difícil negar que las demandas para que los factores que determinan un comportamiento sean medibles limitan los hechos que pueden ser admitidos como posibles causas de los eventos que suceden en el mundo real. Esta visión, la cual frecuentemente es ingenuamente admitida como requerida por el procedimiento científico, tiene consecuencias bastante paradójicas. Nosotros, por supuesto sabemos, al referirnos a los mercados o a estructuras sociales similares, de muchos hechos o factores que no es posible medir y sobre los cuales tenemos información vaga e imprecisa. Y como los efectos de éstos factores en cualquier instancia en particular no pueden ser confirmados mediante la evidencia cuantitativa, simple y sencillamente son despreciados por aquellos que juran que sólo admiten aquello que puede ser considerado como evidencia científica: Ellos están en ahora felices de proceder con la ficción de que los factores que pueden medir son los únicos que son relevantes.

Por ejemplo, la correlación entre demanda agregada y desempleo total puede ser sólo aproximada, pero es la única para la cual se cuenta con datos cuantitativos, y se acepta como la única conexión causal que cuenta. Bajo este estándar podría existir mejor evidencia “científica” para una teoría falsa, y por el contrario podría existir una explicación válida, que es rechazada por que no existe suficiente evidencia cuantitativa para sustentarla.

Déjenme ilustrar con un bosquejo rápido lo que yo considero la causa principal del extenso y persistente desempleo- una exposición que también explicará el por que el desempleo no puede ser curado de forma duradera mediante políticas inflacionistas que son ahora las teorías de moda. La explicación correcta me parece a mí que es la existencia de discrepancias entre la distribución de la demanda entre los diferentes bienes y servicios y la asignación del trabajo y de otros factores para la producción de esos resultados. Poseemos un conocimiento “cualitativo” bastante bueno de las fuerzas mediante las cuales existe una correspondencia entre la oferta y la demanda en los diferentes sectores que configuran el sistema económico, y las condiciones bajo las cuales pueden ser alcanzadas, y de factores propensos a impedir tal ajuste. Los pasos separados para estudiar este proceso se basan en hechos de nuestra experiencia diaria, y los pocos que se tomen la molestia de seguir el argumento cuestionarán la validez de las suposiciones factuales, o la corrección lógica de las conclusiones que de ellas se derivan. Nosotros de hecho tenemos buenas razones para creer que el desempleo indica que la estructura de precios relativos y salarios ha sido distorsionada (usualmente por fijación de precios monopolística o gubernamental), y para restaurar la igualdad de la demanda y oferta laboral serán necesarios cambios en todos los sectores de precios relativos y algunas transferencias laborales a otros sectores.

Pero, cuando se nos pregunta sobre la evidencia cuantitativa para una estructura de precios y salarios que se requeriría para asegurar la venta continua de los productos y servicios ofertados, debemos admitir que no tenemos esa información. En otras palabras, conocemos las condiciones generales que llamamos, un tanto cuanto engañosamente que un equilibrio se establecerá así mismo; pero nunca conocemos cuales serán exactamente los precios o salarios en particular que hagan llegar a tal equilibrio. Esto es, simplemente nosotros sólo podemos decir cuales son las condiciones bajo las cuales podríamos esperar que el mercado establezca precios y salarios que igualarían a la oferta. Pero nosotros nunca podremos producir información estadística que nos mostraría que tanto se deben de modificar los precios o salarios vigentes para que alcancen el valor de aquellos que aseguren la venta continua del suministro laboral. No obstante que esta es una teoría empírica sobre las causas del desempleo –en el sentido de que pueda probarse que es falsa por ejemplo si con un incremento en el suministro de dinero, un incremento en los salarios no lleve al desempleo – no es ciertamente la clase de teoría que pueda ser utilizada para hacer predicciones numéricas sobre los niveles de salarios, o la distribución laboral que podría esperarse.

Sin embargo, ¿Por qué debemos nosotros en economía alegar ignorancia sobre una serie de factores sólo por que en las ciencias físicas, se esperaría que el científico tuviera la información precisa? Es probablemente no sorprendente que para aquellos impresionados por las ciencias físicas encontrarían esta posición muy insatisfactoria e insistirían en los estándares de prueba para ellas. La razón para el estado de las cosas es de hecho, como escuetamente lo he manifestado, que en las ciencias sociales, más parecido a la biología pero muy diferente de la mayor parte de los campos de las ciencias físicas, tienen que ver con estructuras esencialmente complejas, esto es, con estructuras cuyas características propias sólo pueden ser exhibidas por modelos que consideran un gran número de variables. Por ejemplo, la competencia, es un proceso que produce ciertos resultados sólo si se procede tomando en consideración un gran número de personas actuantes.

En algunos campos, en particular cuando surgen problemas complejos en las ciencias físicas, pueden manejarse las dificultades cuando en lugar de utilizar información específica sobre los elementos individuales, se toman datos sobre la frecuencia relativa, o la probabilidad de la ocurrencia. Pero esto es válido sólo cuando se trata con lo que el Dr. Warren Weaver (previamente en la fundación Rockefeller) ha denominado “fenómenos de complejidad desorganizada” que se presentan en las ciencias físicas y que contrastan con los “fenómenos de complejidad organizada” que son con los que se tiene que tratar en las ciencias sociales.
Aquí por complejidad organizada implica que el carácter de las estructuras que lo detentan depende no sólo de las propiedades de los elementos individuales en los que está compuesto, y la frecuencia relativa con la que ocurren, sino también en la forma en que cada elemento está conectado entre si. En la explicación misma de cómo trabajan estas estructuras es en donde vamos a encontrar la justificación para no reemplazar la información sobre los elementos individuales por información estadística, ya que se requiere información completa de cada elemento en nuestra teoría para poder derivar predicciones específicas sobre los eventos individuales. Si no se cuenta con esa información específica sobre cada elemento individual estaremos entonces limitados para lo que en otra ocasión he denominado predicciones de patrones –predicciones de algunos atributos generales sobre las estructuras pero que no contienen información específica sobre los elementos individuales a partir de los cuales las estructuras son construidas.

Esto es particularmente cierto para nuestras teorías formuladas para la determinación de los sistemas de precios y salarios relativos que se formarán así mismos en un mercado que funciona adecuadamente. Para la determinación de estos precios y salarios entrarán los efectos de la información detentada en lo particular por cada uno de los participantes en el proceso de mercado – una suma de factores que en su totalidad no pueden ser conocidos por un observador científico, o cualquier otro cerebro aislado. Esta es de hecho la fuente de supremacía del orden del mercado, y la razón misma del por qué, cuando no es suprimida por las fuerzas del gobierno, él regularmente desplaza todos los otros tipos de orden, que resulta en la asignación de los recursos que son el resultado del conocimiento de factores particulares que existen dispersos entre un número incontable de personas, conocimientos que ninguna persona en particular puede poseer. Por tanto, para nosotros, los científicos observadores, jamás podremos conocer todo lo que determina tal orden, en consecuencia no podemos saber a que estructura de precios y salarios en particular la demanda se igualará en todas partes con la oferta, también nos es imposible medir desviaciones de tal orden, y tampoco podemos probar estadísticamente nuestra teoría que es el de las desviaciones del sistema de precios y salarios en “equilibrio” que hacen imposible vender algunos productos y servicios a los precios en que son ofertados.

Antes de continuar con mi preocupación inmediata, los efectos que todo esto tiene en las políticas que sobre el empleo son aplicadas en este momento, me permite definir más específicamente las limitaciones específicas de nuestro conocimiento numérico que tan frecuentemente es pasado por alto. Quiero hacer esto para evitar dar la impresión que generalmente rechazo el método matemático aplicado a la economía. Considero de hecho una gran ventaja la técnica matemática que nos permite describir, mediante el uso de ecuaciones algebraicas, el carácter general de un patrón para el cual somos ignorantes de sus valores numéricos que determinan una manifestación en particular. Podríamos apenas lograr construir una imagen para entender las interdependencias mutuas de los distintos eventos sin esta técnica matemática. Sin embargo, su uso, nos ha llevado a la ilusión de que es posible utilizarla para la determinación y la predicción de valores numéricos de las variables estudiadas y esto ha llevado a una búsqueda estéril de constantes numéricas. Esto ha sucedido no obstante el hecho de que los fundadores de las matemáticas modernas no tenían tales ilusiones. Es verdad que sus sistemas de ecuaciones que describen un patrón de un mercado en equilibrio están tan complejamente formulados que si pudiéramos llenar todas las incógnitas en las fórmulas abstractas, esto es, si conociéramos todos los parámetros de todas las ecuaciones, podríamos calcular los precios y cantidades de todos las materias primas, productos y servicios que se vendan. Pero, como Vilfredo Pareto, uno de los fundadores de esta teoría establece claramente que, su propósito no puede ser “llegar al cálculo numérico de los precios”, debido a que, como él estableció, sería “absurdo” suponer que podríamos obtener todos los datos requeridos. De hecho, el punto medular había sido visto por los que anticipaban la economía moderna, los estudiantes españoles del siglo 16, que enfatizaron en lo que ellos llamaron Premium mathematicum, el precio matemático, que depende de tantas y tan variadas cicustancias particulares que nunca podrá ser conocido por el hombre, sólo por Dios. Muchas veces deseo que nuestros economistas matemáticos reconozcan esto. Debo confesar que aún dudo que su búsqueda por magnitudes medibles haya hecho una contribución significativa a la ciencia económica. Tampoco estoy preparado para aceptar la excusa de que esta rama de la investigación es aún muy joven: Sir William Petty, el fundador de la econometría, fue después de todo colega de Sir Isaac Newton en la Royal Society.

Existen varias muestras para las cuales la superstición de que sólo las magnitudes que pueden ser medidas son de importancia esto ha hecho un daño muy serio en el campo de la economía: Pero, la presente inflación y desempleos son mucho muy serios. Sus efectos han sido que la causa probable del extenso y pertinaz desempleo ha sido despreciada por la mayoría de los economistas con mentalidad “científica”, debido a que su operación no puede ser confirmada por relaciones observables entre magnitudes medibles, y que los lleva a concentrarse sólo en fenómenos medibles cuantitativamente lo que ha generado que se las cosas hayan empeorado.

Debo por supuesto que admitir que el tipo de teoría que yo considero la verdadera causa del desempleo es una que tiene un contenido muy limitado debido a que sólo nos permite hacer predicciones muy generales de la clase de eventos que podemos esperar de una situación determinada. Pero los efectos en la política de construcciones más ambiciosas no ha sido muy afortunada y debo confesar que prefiero conocimiento imperfecto pero verdadero, aún si deja mucho indeterminado e impredecible, que una pretensión de que se tiene el conocimiento exacto pero que es muy probable que sea una falsedad. El crédito para el que la aparente conformidad con estándares científicos reconocidos puedan ganarse para teorías aparentemente simples pero falsas, como los acontecimientos presentes lo demuestran, tiene consecuencias muy graves.

De hecho, para el caso que se discute, el del desempleo, las misma medidas que la teoría “macroeconómica” dominante recomienda como remedio para el desempleo, a saber, el incremento en la demanda agregada –que ha sido responsable de una extensa asignación errónea de recursos que hace muy probable que a la larga se haga mayor el desempleo. La inyección continua de cantidades adicionales de dinero en puntos del sistema económico en donde crea una demanda temporal que debe cesar cuando este incremento de dinero cese o se ralentice, esto junto con la expectativa del incremento continuo en los precios, genera empleo el cual puede durar únicamente mientras se mantenga a la misma tasa el incremento en la emisión de dinero o quizá sólo cuando empieza a acelerarse a una determinada tasa. Lo que esta política ha producido no es tanto un nivel de empleo que no podría haberse producido de otras formas, como una distribución de empleo que no puede mantenerse de forma permanente y que, después de un tiempo sólo podrá mantenerse con una tasa de inflación que rápidamente lleve a la desorganización de toda la actividad económica. El hecho es que mediante una visión teóricamente equivocada nos ha llevado a una situación precaria en la que no podemos prevenir que re aparezca el desempleo sustancial, no debido, a que el desempleo reaparece al combatir la inflación, sino que se presentará por qué está lamentablemente profundamente adherido a las consecuencias de políticas equivocadas del pasado y resurgirá cuando la inflación deje de acelerarse.

Debo, sin embargo, dejar estos problemas de importancia práctica inmediata y que he introducido sólo para ilustrar la trascendental importancia de las consecuencias que pueden seguir de errores concernientes a problemas abstractos en la filosofía de la ciencia. Hay mucha razón para ser aprehensivo sobre los peligros que al largo plazo creado en el campo más amplio por la aceptación sin crítica de postulados que tienen la apariencia de ser científicos como en los problemas que hemos discutido. Lo que he tratado de poner en relieve con la ilustración de este tópico, es que ciertamente, en mi campo, pero creo que en la generalidad de las ciencias, lo que se ve superficialmente como un procedimiento científico es frecuentemente de lo más un científico, y más allá de esto, existen límites definidos a los que puede la ciencia llegar. Esto significa que confiar en la ciencia – o deliberadamente controlar siguiendo los principios científicos – más que un método científico podremos tener efectos deplorables. El progreso en los tiempos modernos para las ciencias naturales ha por supuesto excedido todo lo esperado por lo que sugerir que puede haber algunos límites levante suspicacias. En particular en aquellos que se resisten a la idea y que tienen esperanzas en nuestro creciente poder de predicción y control y que generalmente lo toman como el resultado característico del avance científico aplicado a los procesos de la sociedad, nos llevará a modelar a la sociedad enteramente a nuestro gusto. Es de hecho cierto que, contrastando con la euforia que producen los descubrimientos en las ciencias físicas, la comprensión profunda de lo que pasa en la sociedad muy frecuentemente tiene un efecto amortiguador en nuestras aspiraciones; y quizás no es sorprendente que los jóvenes más impetuosos de nuestra profesión no estén siempre preparados para aceptar esto. Aún así, la confianza en el poder ilimitado de la ciencia se basa frecuentemente en la creencia errónea que el método científico consiste en la aplicación de técnicas pre hechas, como si sólo se tuviera que seguir con algunas recetas de cocina para resolver todos los problemas sociales. También a veces pareciera que las técnicas de la ciencia son más fácilmente aprendidas que el razonamiento de cuales son en realidad los problemas y como abordarlos.

Confiar a la ciencia…más de lo que puede alcanzarse con el método científico puede tener efectos deplorables.

El conflicto entre lo que está en el estado anímico presente en el público que espera de la ciencia la satisfacción de sus esperanzas populares y lo que realmente puede hacerse es un asunto muy serio, aún si los verdaderos científicos reconocieran todas las limitaciones de lo que puede hacerse en el campo de los asuntos humanos, siempre que el público espere más, siempre habrá alguien que pretenda, y quizá honestamente crea, que puede hacerse más para satisfacer las demandas del público que en realidad lo que puede hacerse. Es frecuentemente muy difícil para el experto, y ciertamente en muchas ocasiones imposible para el hombre común, distinguir entre las demandas legítimas e ilegitimas a la ciencia. La enorme publicidad reciente dado por los medios a un reporte que se escribe en el nombre de la ciencia sobre Los Límites del Crecimiento, y el silencio de los mismos medios sobre la crítica devastadora que a ese reporte han realizado expertos competentes, debe hacernos sentir muy aprensivos de cómo el prestigio de la ciencia puede ponerse. Y no es sólo en el campo de la economía en que estos clamores de llegar más lejos para que en nombre de una dirección más científica todos los procesos espontáneos de la actividad humana sean reemplazados por procesos con “control humano conciente”. Si no estoy en un error, la psicología, la psiquiatría, algunas ramas de la sociología por no hablar de la llamada filosofía de la historia, son aún más afectadas por lo que he denominado el perjuicio científico y por declaraciones engañosas de lo que la ciencia puede alcanzar.

Si fuéramos a resguardar la reputación de la ciencia, y evitar la arrogancia del conocimiento basada en procedimientos similares en lo superficial con aquellos usados para las ciencias físicas, debe hacerse un gran esfuerzo dirigido a desenmascarar esas arrogancias, muchas de las cuales son ahora del interés creado en muchas universidades. No podemos estar lo suficientemente agradecidos a aquellos filósofos de la ciencia como Sir Karl Popper por darnos una prueba mediante la cual podemos distinguir entre lo que puede ser aceptado por científico y lo que no – una prueba que estoy seguro que muchas doctrinas que ahora son aceptadas como científicas no pasarían. Sin embargo, existen algunos problemas especiales en conexión con aquellos problemas esencialmente complejos para los que son un ejemplo las estructuras sociales que me hacen replantear la conclusión en términos más generales las razones del por qué en estos campos no sólo hay obstáculos absolutos a la predicción de eventos específicos, pero por qué actuar como si poseyéramos el conocimiento científico que nos permitiera trascenderlo, esto puede ser un serio obstáculo para el avance del intelecto humano.

El punto importante que debe recordarse es que el enorme y rápido avance en las ciencias físicas se dio en campos en donde demostró que la explicación y la predicción podía basarse en leyes que describían el fenómeno observado como relaciones funcionales con comparativamente pocas variables – ya fuera tanto hecho en particular o frecuencias relativas en eventos. Esta puede ser quizá la razón fundamental del por qué podemos seleccionar estos dominios como “físicos” en contraste con las estructuras altamente organizadas que he denominado aquí como fenómenos esencialmente complejos. No existe razón del por qué la posición para estos últimos debe ser idéntica a la de los primeros. Las dificultades que encontramos en los últimos no son, como podría sospecharse desde un principio, dificultades sobre como formular las teorías para la explicación de los fenómenos observados – aunque tienen dificultades especiales para probar las explicaciones propuestas y en consecuencia poder eliminar las teorías malas. Ello se origina con el problema principal cuando queremos aplicar nuestras teorías a una situación particular en el mundo real.

Una teoría para fenómenos esencialmente complejos debe referirse a un número enorme de factores particulares; y derivar la predicción de ellos, o probarlas, deben de constatarse cada uno de estos factores. Una vez que se ha tenido éxito en esto no deberá de haber dificultad para derivar predicciones verificables – con la ayuda de las computadoras modernas deberá ser los suficientemente simple para insertar datos en todos las incógnitas apropiadas de las fórmulas teóricas para derivar la predicción. La dificultad real, a la solución, para los que la ciencia tiene poco que contribuir, y que muchas veces es de hecho irresoluble, consiste en averiguar y constatar los factores particulares.

Un ejemplo simple puede demostrar la naturaleza de esta dificultad. Considérese un juego de pelota jugado por gente de aproximadamente igual destreza. Si conocemos adicionalmente algunos factores particulares adicionales a nuestro conocimiento general sobre la habilidad de los jugadores individuales, tal y como su estado de concentración, su percepción y el estado de su corazón, pulmones, músculos, etc. y esto en cada preciso instante en que transcurre el juego, quizá, así, podríamos predecir el resultado del juego. De hecho, si estuviéramos familiarizados tanto con el juego como con los equipos contendientes podríamos tener alguna idea sobre de que depende el resultado del juego. Pero, por supuesto que no podemos conocer todos esos factores que intervienen y como consecuencia el resultado del juego quedará fuera de la predicción científica, sin embargo, podríamos conocer que efectos de eventos particulares tendrían en el resultado del juego. Esto no significa que no podemos hacer predicciones durante el curso del juego. Si conocemos las reglas de diferentes juegos podríamos, al ver alguno, muy pronto percatarnos que juego se está jugando y que clase de acciones podríamos esperar y cuales no. Pero nuestra capacidad de predicción está confinada a esas características generales sobre los eventos que podemos esperar ocurran y no incluir la predicción particular de eventos individuales.

Esto corresponde a lo que antes he denominado predicciones de patrón a las que estamos cada vez más confinados a medida que penetramos desde el dominio de leyes relativamente simples al rango de fenómenos en donde imperan las leyes de la complejidad organizada. Como hemos adelantado, las encontramos más y más frecuentemente de tal modo que sólo es posible conocer algunos pero no todas las circunstancias particulares que pueden determinar el resultado de un determinado proceso en particular. En consecuencia nosotros podemos predecir sólo algunas pero nunca todas las propiedades del resultado que podríamos esperar. Muy frecuentemente todo lo que podremos predecir son características muy abstractas que aparecerán en el patrón –relaciones entre clases de elementos sobre los que individualmente sabemos muy poco.

Por supuesto, comparadas con las predicciones precisas que hemos aprendido a esperar en las ciencias físicas, este tipo de predicciones sobre patrones son de segunda calidad por lo que a uno no le satisfacen. Por eso, el peligro sobre el que quiero advertir es precisamente sobre la creencia de que para que una teoría pueda ser aceptada como científica es necesario lograr más. En este camino cae la charlatanería y lo peor. Actuar bajo la creencia de que poseemos el conocimiento y el poder que nos permite alterar los procesos de la sociedad enteramente a nuestro albedrío, conocimiento que de hecho no poseemos, es muy probable que haga mucho daño. Cuando se trata de las ciencias físicas no hay ninguna objeción para poder lograr lo imposible; uno aún puede sentir que no debe desalentarse y confiar en sus experimentos que después podrían arrojar nueva luz sobre las teorías en investigación. Pero, cuando se trata del campo de lo social, la creencia errónea de que el ejercer alguna fuerza tendrá efectos benéficos y posiblemente que esto lleve a una crear nueva fuerza para ejercer coerción sobre algunos hombres por alguna autoridad. Aún si dicha fuerza no es en sí misma mala, su ejecución es probable que impidan el funcionamiento de las fuerzas que generan el orden espontáneo, sin entenderlas. Estamos sólo al comienzo empezando a entender como esta basado el sistema de comunicación sutil que funciona en las sociedades industriales avanzadas – un sistema de comunicaciones que llamamos mercado y que resulta en ser el mecanismo más eficiente para digerir toda la información dispersa que cualquier hombre podría deliberadamente diseñar.

Si el hombre no desea hacer más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, deberá aprender que en esto, como en todos los campos para los cuales prevalece la complejidad esencial de los fenómenos organizados; él no podrá jamás adquirir conocimiento pleno que le haría posible el dominio de los eventos. En consecuencia deberá emplear el conocimiento que pueda lograr, no para modificar los resultados como un artesano da forma a su trabajo manual, sino como un jardinero que cultiva el crecimiento de sus plantas al proporcionar el medio ambiente apropiado. Existe el peligro que la sensación exuberante que han engendrado el poder creciente derivado de las ciencias físicas tiente al hombre a intentarlo, “el marearse con el éxito” para usar la frase característica usada en el comunismo temprano, para que sea objeto del control al deseo humano no sólo el del mundo natural sino también el medio ambiente humano. El reconocer los límites insuperables a este conocimiento deberán de hecho dar al estudiante de la sociedad una lección de humildad que lo protegerán de convertirse en cómplice de los hombres que se empeñan en controlar a la sociedad—Esfuerzos que no sólo lo convertirán en tirano sobre sus conciudadanos, sino que muy bien pudiera convertirlo en el destructor de la civilización que no fue diseñada por un cerebro sino que ha crecido como resultado de los esfuerzos y voluntades de millones de individuos.

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