lunes, abril 11, 2011

Democracia Representativa o República

Frank Chodorov en su libro “El Impuesto sobre la Renta: Raíz de Todo Mal”, atribuye al inmoral sistema tributario la raíz de nuestros males económicos. Sin embargo, no estoy completamente de acuerdo con Chodorov, si vamos más a las raíces, la raíz de todo mal es la democracia representativa. Sí aquella que es la común en que la gente vota por supuestos “representantes”, que están afiliados a partidos políticos. Aquella que es el Dios de los políticos y de mucha gente.

Debemos empezar con ser precisos con el leguaje, democracia significa demos (pueblo) y cracia (gobierno) así como monarquía significa gobierno de un solo hombre, y oligarquía gobierno de un grupo de hombres.

Demos (el pueblo) fue una fantasía imaginada por los antiguos griegos, en su búsqueda por la Autoridad que (ellos imaginaban) controlaría al hombre. A esta fantasía le pegaron el nombre de Dios, que siempre es muy atractivo en cualquier forma de autoridad, y aún hoy en día hay gente que piensa y creé que “La voz del pueblo es la voz de Dios”.

Pero hay un problema en esta búsqueda por el control del hombre, el “pueblo” no existe. Lo que existe son individuos que componen cualquier grupo de personas.

Así que en la práctica, cualquier intento de establecer la el gobierno del pueblo, la democracia, es intentar que un grupo de personas hagan su voluntad, la mayoría, sobre el grupo restante de personas.

Y no existe razón para suponer que la ley de la mayoría sea deseable, aún si fuera posible. No existe la moral ni la eficiencia ni eficacia meramente en los números. Noventa personas no tienen por que estar en lo cierto mientras que una sola sí lo puede estar. El montón no da la razón.

También debo precisar que la democracia en sí no es mala, siempre y cuando se acote, se limite, los “demos” no pueden decidir sobre los derechos fundamentales del ser humano, los “demos” no pueden privar a nadie de su derecho a la vida y por consiguiente a lo que se hace con la vida: La propiedad. Los demos aunque sean la mayoría no pueden ir por encima de las leyes establecidas de acuerdo a la moralidad y el respeto absoluto y tolerante a los derechos de otros. Lo que en el liberalismo clásico se conoce como el orden natural.

James Madison uno de los padres fundadores de la Unión Americana, lo mismo que la mayor parte de ellos desconfiaban, más aún, temían al gobierno de los demos, él escribe por qué la democracias tienden a crear tiranías “Las democracias han sido siempre espectáculos de turbulencia y desacuerdo. Una pasión o interés será sentido por la mayoría y armados con el poder de la mayoría se tiene el incentivo para sacrificar a la facción más débil. Por eso, la democracia siempre han resultado incompatibles con la seguridad personal o los derechos de propiedad y en general ha sido de vida tan corta como violentas en su muerte”.

Así, cuando un grupo grande de individuos falsamente cree que la mayoría es la autoridad y que tiene el derecho de controlar a los individuos, permite que esa mayoría seleccione un hombre (o algunos pocos hombres) para ser depositarios de la autoridad y que actúen como gobierno. Ellos creen que el derecho de la mayoría se ha trasferido a éstos hombres para controlar a todos los individuos bajo el gobierno. Pero el gobierno no es una autoridad, el gobierno es el que usa la fuerza, la coerción y la compulsión en contra de la minoría. Así, el gobernante bajo la democracia rápidamente se convierte en un tirano. Y es esta la razón por la que la democracia acaba mal, en forma violenta.

Esto siempre curre invariablemente, sucedió hace veinte y cinco siglos en Atenas, en Francia en 1804 cuando la gran mayoría eligió a Napoleón emperador, en Alemania en 1932 cuando las mayoría eligieron a Hitler, en Venezuela a Chávez, y tantos otros….

Pero nos quieren hacer creer que gracias a la democracia representativa, pero sobre todo a la consecuencia de ella la esos seres superdotados, inmensamente sabios, deliberativos y probos que han sido investidos por los “demos” como autoridad y los hemos enviado al olimpo de los dioses, mientras tanto, los plebeyos aquí en la tierra, no tenemos nuestra vida inmersa en una orgía de búsqueda de rentas, de pillaje continuo atentando contra todos y contra nosotros mismos gracias a ellos, a los “investidos” por los demos.

Pero cualquiera que use un poco la cabeza, la razón, puede darse cuenta que esos seres investidos por el pueblo en el mundo real ni son más deliberativos ni son más sabios y más importante aún no son menos rapaces que nosotros los plebeyos cuyo voto buscan por que les transforma en depositarios de “la voz de Dios, es la voz del pueblo”. Así que gracias a la democracia representativa, esto seres, los políticos ungidos por la voluntad del pueblo son teóricamente y en los hechos los jueces definitivos de todas las ideas y la fuente de todo poder, y peor aún, en México en donde la propiedad privada es una gracia una concesión otorgada por ellos, son propietarios de todo y así de fácil pueden confiscártelo.

Los demos por su parte, los que teóricamente son ellos los dueños del poder reclaman representantes que destaquen de la nulidad y mediocridad de la mayoría para que reflejen realmente la opinión de la mayoría, reclaman un espejo, pero éste está roto.

Veamos que pasa en México, tenemos 500 diputados federales y 128 senadores, que supuestamente nos representan. Pero de éstos no llegan a la docena los que vetan o palomean las leyes y son sólo ellos los que acuerdan entre partidos. Así que el resto de los legisladores son un adorno para llenar el recinto, no sirven para nada, más que para cobrar sus jugosas dietas.

Los diputados y senadores están híper disciplinados, a la línea que les dicta su coordinador de bancada. El voto libre sólo es posible en asuntos irrelevantes, pero en asuntos importantes, el que se sale de la línea terminó su carrera política.

Y no menos importante, los jefes en las cámaras responden a su vez a la línea que les dicta su partido y éstos a su vez a la lógica electoral de la siguiente elección, y si es presidencial aún peor, aquí la inmovilidad y el nadar de muertito es la constante.

Así que en realidad nuestra democracia representativa es una vulgar y detestable oligarquía de tiranitos.

Debemos establecer que el “negocio” de los partidos es el voto de los “demos” que son sus “clientes”, por cada voto emitido reciben su participación en el botín, así que como de lo que se trata es dar prometen dar y muchas veces dan en demasía, para agradar a los “demos”, claro, las alzan en impuestos nunca las promocionan en sus campañas para ser “investidos” como seres sobrenaturales, por la voluntad del pueblo, eso lo hacen ya que están investidos, ya que pasó la elección, tal y como lo hicieron en la elección intermedia. La consecuencia (pretendida o no) es un gobierno capaz de invadir cualquier rincón de la vida privada al tiempo que permite a los representantes electos llevar una existencia irresponsable, relajada y que asegura la manipulación. Como ha apuntado acertadamente Hans-Hermann Hoppe, la democracia no es propiedad de nadie. Pero tampoco lo es un gobierno representativo. Ambos están marcados por sociedades infantilizadas: Aquellas que creen que el gobierno es un híbrido entre Dios y Santa Clós, más un prefecto de disciplina autoritario que debe meterse con cada asunto posible de nuestras vidas, creando para ello una inmensa masa burocrática de reguladores e inspectores, más toda la burocracia asociada a su papel de Santa Clós, maestros, médicos, enfermaras, personal de intendencia y un larguísimo etcétera. Como todo esto tiene que pagarse de alguna forma aumenta la carga fiscal, crece la deuda pública y persiste la inflación., y como consecuencia, se acaba con la formación de capital que produce riqueza; por tanto menores ahorros, incertidumbre legal, relativismo moral, ayudas sociales, irreflexión y obesidad son su corolario. El gobierno es como un ser parasitario que crece y se multiplica y ve ante todo y sobre todo su propia subsistencia aún por encima del bienestar y el progreso material de “los demos”.

En occidente, se nos han inculcado demasiado las maneras del igualitarismo como para reconstruirse. Los genetistas y sociólogos de hoy, financiados por los gobiernos, están ansiosos por demostrar, con una impresionante batería de datos y fórmulas, que todos los hombres son naturalmente iguales, y que si algunos son más iguales que otros, la diferencia es atribuible a la educación, no a la naturaleza.

Qué mentira. Los hombres somos naturalmente desiguales, como revela enseguida una conversación informal con cualquier vecino, pariente o compañero de trabajo. El orden natural de una sociedad libre (predicado en las transacciones voluntarias de propiedad privada) es jerárquico y elitista. Los distintos talentos humanos (somos únicos, después de todo) dictan que algunos individuos asciendan al estatus de una élite. Pero el elitismo siempre trae la envidia y en la mayoría mediocre, mayoría insisto, así que las élites y sus talentos naturales se ven apisonados por la tiranía del igualitarismo.

Por eso, las sociedades debemos pensar no en la democracia sino en la República, esto es en la administración de lo público, basados en la moral y el orden natural, el respeto absoluto a la individualidad de los seres humanos, y en consecuencia de la propiedad privada. En la República se deja de reprimir los talentos y el capital de las élites y se les deja florecer por el bien de todos. Esto es posible sin todo el alboroto, desorden y complicación inherente a la democracia representativa. No más sinsentidos para sacar el voto a los “clientes” de los partidos políticos, no más acceso al poder a aquellos que prometen la luna y las estrellas, que prometen el cumplimiento de los derechos sociales cuando en realidad su único propósito a la hora de votar es votarse más de la propiedad de otro. Como dijo elocuentemente Frank Chodorov, solo un sistema dirigido por “hombres con fines elevados [que] dediquen su talento al bienestar común, sin esperar otra recompensa que el bien de la comunidad”, puede sostener la prosperidad y la libertad y esto en el marco de una República basada en leyes que se respeten y que no atenten contra la libertad de los individuos. Así la República es democracia pero limitada, los demos no pueden votar sobre los derechos de las minorías. Jamás.

Benjamin Franklin no solo tuvo ojo de águila sobre la democracia: también recelaba del gobierno representativo. “Cuando la gente descubra que puede votarse dinero, eso anunciará el fin de la república”, se dice que advirtió.

La verdad es que (los libertarios ) hemos venido anunciando el fin de la democracia desde que ésta empezó, pero el ritmo se ha acelerado hasta un galope en décadas recientes. Nunca ha sido cuestión de si el gobierno representativo al estilo occidental se desmoronará, sino solo cuestión de cuándo. Solo tenemos que mirar al este hacia Europa Occidental y ahora también a los Estados Unidos para ver que el cuándo ya no es un acertijo distante que atormente a generaciones aún no nacidas. El cuándo depende en mucho de nosotros hoy.

Y de nosotros también dependerá que la democracia termine como advierte Madison en forma violenta o bien que fundemos una República basada en el orden natural y moral de la libre y cooperativa interacción entre los individuos que conformamos la sociedad.

4 comentarios:

  1. Precisamente sobre esto discutía (o por lo menos eso trataba) con un desaguisado izquierdista, decía que la "sociedad" elije sus valores...

    Y para demostrar lo contrario hice este simple planteamiento ¿Acaso la sociedad vota para subirle el sueldo a los diputados? ¿O elije esta imponer aranceles a los productos importados?

    Respuesta, que eran abusos de los políticos, pero cuando las leyes le convienen, para que otros paguen su escuela, o las de sus hijos, sin mencionar las prestaciones que obliga el codigo laboral pagar a su patrón, el esta convencido que es un "valor de la sociedad".

    Llegar a un estado de igualdad ante la ley es un camino difícil, en las personas hay demasiada mediocridad, demasiada envidia para permitir que la gente capaz sobre salga.

    Completamente de acuerdo con lo que comentas del igualitarismo.

    Un saludo.

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  2. jf.9106:34 p.m.

    Felisitaciones! muy buen escrito, demuestras en forma clara este tema tan importante, y como confundimos los mexicanos democracia con sumucion ante los politicos, en pocas palabras tenemos una monarquia de partidos.

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  3. Anónimo7:27 p.m.

    no entiendo

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    1. En la República no hay elecciones por el pueblo, los dirigentes son seleccionados de entre los mejores candidatos, no hay por supuesto presidente, lee la República de Platón, para empezar a entender el manejo de la cosa pública y no de los caprichos de los demos.

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