lunes, agosto 15, 2011

La Deflación Necesaria

En la crisis que estamos viviendo, los ciudadanos del mundo, pero muy especialmente por el tamaño e importancia de sus economías, los Norteamericanos, europeos y chinos deberán tomar una decisión importante: Podrán seguir apoyando la política diseñada para perpetuar el sistema financiero actual, basado en el dinero fiduciario, el dinero fiat, que tiene valor sólo en virtud de un decreto que obliga a la gente a usarlo, dinero basado no en la riqueza generada sino en el crédito. Este sistema es la causa y motivo de la crisis actual y se encuentra en camino del colapso. La otra opción que tienen las sociedades es apoyar la reintroducción de los mercados libres al dinero y las finanzas. Esto implica que los gobiernos deberán de sacar sus manos en el sistema y dejar de intervenirlo. No deberán de producir dinero, no existirá ninguna agencia que produzca dinero. No forzará a sus ciudadanos a usar el dinero de papel, el dinero fiduciario al imponer leyes que obliguen a su uso. No deberá de regular la actividad bancaria, excepto el prohibir el sistema de reserva fraccionada, esto es, si te depositan un dólar, tienes un dólar y sólo uno para prestar. Ni uno sólo más. No deberá de tratar de ajustar las tasas de interés, los precios de los instrumentos financieros o los precios de las materias primas.

Claramente las medidas enlistadas son para lo que estamos acostumbrados totalmente radicales, y desde luego, es entendible que no encontrarán soporte entre los ciudadanos, Pero esta falta de apoyo se origina en la ignorancia y el miedo. Simplemente, no podemos concebir un país sin un banco central que se encargue de imprimir los billetes.

Casi todos los expertos en dinero y finanzas, los banqueros centrales, y virtualmente la mayoría de los académicos universitarios que la crisis nos pegó a pesar de los mejores esfuerzos y expertise de la Reserva Federal. Se nos dice que los mercados de dinero, la actividad bancaria y los mercados financieros en general no pueden ser libres, debido a que terminarían en el desorden, se volverían caóticos y que en consecuencia deben de ser intervenidos siendo el gobierno el regulador y el productor del dinero y que nuestro sistema monetario ha funcionado bien y que sería una tontería no preservarlo. Estos mismos expertos ahora instan a dar al gobierno aún mayor presencia e incrementar sus facultades reguladoras, y animan a producir aún más dinero para ser usado en los rescates de todo, y los “aligeramientos financieros”.

Sin embargo, toda esta controversia es equívoca, tal y como los economistas lo han demostrado una y otra vez desde tiempo de Adam Smith, David Ricardo hasta Von Mises, Hayek y Rothbard. El sistema de dinero de papel, no trae ningún beneficio, es un sistema ideado para inflar, para expander el crédito, para desincentivar el ahorro. Es un sistema que hace especialmente vulnerables a los mercados financieros, debido a que les permite reducir las provisiones que son esenciales y son las válvulas de seguridad en cualquier negocio: El efectivo y el patrimonio. ¿Para qué tener importantes reservas en efectivo si el banco central de inmediato te proporcionará todo lo que requieras? ¿Para que ahorrar, para que usar tu propio dinero si puedes financiar tu crecimiento e inversiones con crédito barato con dinero creado de la nada, que nadie ahorró jamás, proveniente de la imprenta?

Es por eso menester a las afirmaciones de los expertos, desmitificarlas y desmentirlas. La crisis ha llegado no a pesar de sus esfuerzos, llegó por su culpa, la crisis no llegó por que los mercados fueran libres, llegó por que fueron intervenidos. No salimos de la crisis, por que siguen con lo mismo, los resultados están a la vista de todos: Millones de millones de dólares en rescates y estímulos y la economía no sale de esta que ya es una depresión económica.

Después viene el factor miedo. Estamos tan acostumbrados a vivir con inflaciones, que tememos a la política de fuera las manos, los expertos temen como al demonio a la deflación, nos dicen que la deflación arrasaría con toda la economía arrastrada en una espiral deflacionaria sin fondo.

Esto de que va a arrasar a la economía es una verdad a medias. Es cierto que si el gobierno deja de intervenir vendría una espiral deflacionaria. Lo que no es verdad, es que no tendría fondo y mucho menos que arrasaría con toda la economía. No sería una amenaza mortal pata las vidas y el patrimonio de la población en general. Sí destruiría todas aquellas empresas que viven parasitaria mente a expensas del resto de la economía y que deben su existencia al actual sistema fiduciario. Aún en el corto plazo, la deflación reduciría nuestros ingresos dentro de límites estrechos. Pero muy importante, despejaría el camino para crecimientos económicos sostenidos sanos en el mediano y largo plazo.

No debemos temer a la deflación. Es la medicina que requiere la economía.

El siglo 20 fue una centuria de gobiernos omnipotentes. En algunos países se establecieron gobiernos totalitarios mediante revoluciones, aparentemente una mala estrategia ya que de todos ellos sólo persisten dos. Sin embargo, en la mayor parte de los países los gobiernos han crecido de forma lenta pero sostenida, y si no se hace nada para contener este crecimiento algún día serán totalitarios aún aunque ese día sea vea hoy muy lejano.

Lo que es un hecho, es que el crecimiento de los gobiernos ha sido más rápido que el crecimiento de la economía, y de las empresas que generan riqueza real. Las manifestaciones más evidentes son el Estado de Bienestar y el Estado de Guerra. El crecimiento de los estados de bienestar y de guerra nunca habrían sido posibles sin la inflación, que como siempre hemos definido es el crecimiento del suministro de dinero. En efecto, la producción de dinero nuevo aunado a la expansión en el crédito inducida por los bancos centrales ha proporcionado la liquidez para la expansión aún mayor de depósitos bancarios y otros sustitutos del dinero que han permitido el crecimiento desbocado de la deuda de los gobiernos. En particular el de EU que hoy está en $ 14.6 millones de millones de USD, que vienen desde un poco menos de $2 Trillones a principios de los 80’s y de menos de 1 trillón cuando el presidente Nixon cerró la ventana del oro a principios de los 1970s. ¡Un crecimiento exponencial! Y lo hemos permitido.

Es bien conocida la liga existente entre la expansión alocada de la deuda pública y el dinero de papel. Desde el punto de vista de los acreedores, el gobierno controla al Banco Central – el monopolio que por decreto tiene el monopolio de producir el dinero de papel y en consecuencia nunca puede quebrar. Si es necesario, el gobierno puede tener todo el dinero que quiera para pagar su deuda. Por consiguiente la deuda soberana está respaldada por algo que ningún otro deudor puede ofrecer. Así el gobierno puede expander sus actividades y financiarlas con la sola emisión de más deuda aún si se sabe que no hay la más mínima posibilidad de que esta sea pagada del dinero proveniente de los ingresos por impuestos. El resultado es el crecimiento fuera de todo control de aquellos gobiernos que controlan la producción de dinero de papel, en especial, de aquellos países como los EU en que su dinero impreso es el medio internacional de pago y la reserva de los bancos centrales.

He escrito hemos permitido, más bien, el estado de las cosas ha sido posible por la falta de resistencia de los profesionales de la Economía al proceso inflacionario y de expansión exponencial de la deuda pública. Existe una idea errónea proveniente del keynesianismo que ha evitado que los economistas y otros intelectuales combatan y resistan a la creación de la inflación con la determinación necesaria para contener los planes expansivos de los gobiernos. La mayor parte de los economistas se han resistido a la deflación justo cuando más se necesitaba de su apoyo, en especial en esas dos coyunturas en la historia moderna en que el sistema inflacionario ha estado a punto de colapsar. En lugar de que imparcialmente se analizara la situación, empezaron con sus miedos a la deflación y terminaron apoyando la reinflación, que no es otra cosa que más inflación.

Estas dos coyunturas han sido los años de la Gran Depresión y la depresión actual. Otra vez, hoy en día los oficiales de la Reserva Federal ( Greespan y Bernanke), considerando que esto viene desde el 2002 y no como se cree desde 2008. Han expresado sin cesar que no habrá límites a la politica monetaria relajada, y que imprimirán todo el dinero que sea menester para evitar la deflación. Estas declaraciones que han sido llevadas a la práctica revela lo que hoy es considerado como lo que se tiene que hacer en cuestiones monetarias. Las cosas son tales que aún los críticos a la inflación del pasado conceden que bajo las condiciones presentes alguna inflación podría ser benéfica si es usada para combatir la deflación. Algunos otros piensan que aún no hay deflación, y que en consecuencia no hay necesidad de intensificar el uso de la imprenta. Pero, por otra parte están de acuerdo en que existe la necesidad política de inducir un mayor gasto público por lo que los gobiernos acabarán más endeudados y los bancos centrales tendrán que imprimir más dinero.


Pero hay una cuestión que debe ser tratada: ¿Qué hay realmente de malo, desde el punto de vista de la economía con deflactar el suministro de dinero? Aquí me referiré al análisis del economista de la escuela Austriaca Rothbard, que ha demostrado el rol benéfico de la deflación para acelerar los ajustes en la estructura productiva después de una crisis financiera originada por la expansión en el crédito. Sin embargo, ningún economista, aún aquellos de la Escuela Austriaca, han mostrado interés en analizar el impacto de la deflación en los procesos de mercado y sus consecuencias políticas y sociales bajo condiciones normales en la economía, es decir, no durante y después de una crisis. La verdad es que la deflación se ha convertido en el chivo expiatorio de los economistas. No se le analiza, se le ridiculiza, y peor aún se le teme. Más de un siglo de propaganda pro-inflacionaria han creado casi un consenso. Por dondequiera que se mire, la deflación se presenta como algo nocivo, para los ojos de la mayor parte de los economistas la deflación es algo que debe combatirse, es algo totalmente claro. Las bibliotecas de nuestras universidades están pletóricas de libros sobre el desempleo, los ciclos de negocios. Pero es imposible encontrar algún estudio sobre la deflación, es por así decirlo, la maldad económica y eso está fuera de toda discusión y duda.

Sin embargo, ahí están las consecuencias de la inflación: Erosión del patrimonio de la gente, crecimiento sin control de los gobiernos que amenazan con volverse totalitarios, que se meten en todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas. La mentira del Estado de Bienestar, de que todos los beneficios que recibimos del gobierno son gratuitos, aunque parecen gratuitos merced del explosivo crecimiento de la deuda pública. Y, por supuesto, las crisis económicas, como la actual, creados por los gobiernos, inducidas por ellos, pretenden crear del mundo un paraíso y lo que realmente han creado es un infierno.

¿No será que la deflación tendría el efecto opuesto? Veremos….






2 comentarios:

  1. Comentario un poco offtopic. El otro dia el presidente calderon hablaba que en vez de pagarle a un usurero 10% de interes sobre los prestamos, el empresario fuera por un credito de banca o programa gubernalmental. Ahi no menciono el brutal veintitantos por cierto de isr que enjaretan con o sin prestamo.

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  2. Así es, la deflación no es mas que una saludable purga a un organismo severamente "empachado"... No se ha permitido a la economía curarse de los excesos...

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