domingo, septiembre 04, 2011

¿Sería Tan Mala la Deflación?

Desde el punto de vista de todos los intereses comunes de los miembros de la sociedad, la cantidad de dinero en la economía es irrelevante. Cualquier cantidad de dinero tanto en el largo como en el corto plazo proporciona el servicio del intercambio indirecto, esto es, te cambio dinero por un producto o servicio en lugar de te intercambio mi producto o servicio por tu producto o servicio, el truque. Esta es la condición inquebrantable de cualquier reflexión sólida en cuestiones monetarias.

Y es el criterio más relevante cuando pensamos en lidiar con la deflación. A la luz de los principios razonados de los economistas clásicos, categóricamente podemos afirmar que la deflación no es lo que comúnmente se alega que sería: Una maldición para todos los miembros de la sociedad. Pero ¿Es esto cierto? La deflación como decíamos es un fenómeno monetario, y como tal no afecta en un ápice los agregados de riqueza de la sociedad ni la importancia relativa de las unidades productoras de bienes o servicios. La deflación es la reducción de la cantidad de dinero y de los sustitutos del dinero (p. e. créditos) y provoca la caída de los precios de los productos y servicios, caída que puede ser dramática. Sin embargo, esta situación, aún siendo dramática no es una amenaza mortal para la sociedad.

Imagine que para mañana todos los precios se caen en un 50 por ciento. ¿Afectaría esto nuestra capacidad para alimentarnos, vestirnos, transportarnos? Ciertamente que no, la desaparición del dinero que provocó la caída en los precios ciertamente que no eliminó las cosechas, el número de pollos y vacas, la ropa en los almacenes, los trenes, aviones o automóviles que nos transportan. Todo esto sigue estando ahí. En una circunstancia de una deflación muy dramática existe mucho menos dinero en circulación que el que existía, y, en consecuencia no podemos vender nuestros bienes y servicios a los precios previos. Pero, nuestros bienes de capital, cosechas, ganado, medios de transporte aún están ahí, nadie las destruyó, la cantidad de dinero no destruye nada, sólo los precios. De esta forma, como todo está en orden, aún podemos tener como empresarios utilidades, éstas no dependen del nivel de precios, dependen de la diferencia entre el precio de venta y el precio que cuesta producirlos o adquirirlos. Cuando hay deflación ambos precios caen y en consecuencia la utilidad se mantiene.

Pero sí existe un cambio fundamental en la economía que trae consigo la deflación: Radicalmente modifica la estructura de la propiedad. Las empresas financiadas en base a créditos se van a la quiebra debido al menor nivel en los precios que no le van a permitir pagar la deuda contratada en la que incurrió cuando los precios eran elevados. También para las personas, aquellos que tenían hipotecas o créditos al consumo también irán a la quiebra debido a que sus ingresos monetarios han caído junto con la caída en los precios generales, como sus créditos permanecen a niveles nominales no podrán pagarlos y quebrarán. Tan sólo el intento de vender activos para liquidar los adeudos provocará una reducción adicional en los precios de éstos activos, tal y como lo estamos viendo con el mercado inmobiliario de EU, España, Irlanda, entre otros, haciendo aún más difícil llegar a acuerdos con los acreedores.

Otro punto importante es que bajo las condiciones actuales de dinero de papel, una gran cantidad de dinero se ha creado en base a créditos, es más, puede afirmarse que el dinero en nuestro sistema actual es crédito. Dinero creado de la nada por el sistema bancario en virtud del sistema de reserva fraccionada. Con la deflación este sistema se desmorona, cada firma, cada individuo que vaya al impago, a la bancarrota no sólo vulnera los activos del sistema bancario, hace desaparecer el dinero que fue creado de la nada. Con esto, la deflación regresa a la realidad.

Sin embargo, debemos de enfatizar que las bancarrotas, sin importar que tantos individuos o empresas estén implicados no afecta en nada el capital, esto es todo aquello que produce riqueza de la nación, ni tampoco afecta en nada los bienes de consumo duradero como las casas habitación, y en particular, éstas bancarrotas no previenen que pueda seguirse produciendo. Durante la bancarrota, existe la liquidación de activos así que otras personas tomarán cargo de las empresas liquidadas o usarán sus activos en otras. Esta es gente o empresas que para el momento de la deflación tenía dinero ahorrado y no tenía deuda.

En síntesis, el punto verdadero de la deflación es que no oculta la redistribución que va de la mano con los cambios en la cantidad de dinero. Descubre y hace visible la miseria de mucha gente, para beneficio de igualmente visibles ganadores. Esto radicalmente contrasta con el esquema inflacionario que crea ganadores anónimos a expensas de perdedores anónimos. Por tanto, ambas, la deflación y la inflación son un juego de gana cero. Pero la inflación es subrepticia, es usada por los gobiernos de forma oculta para financiarse y quitar valor a su deuda, es por así decirlo el vehículo perfecto para la explotación de la población para arrancarle su riqueza sin que apenas se percaten a través de sus falsas élites gobernantes, mientras que la deflación implica un proceso abierto, transparente la redistribución se verifica conforme a la ley a través del procedimiento de bancarrota.

De esta forma hemos visto que no es la deflación inherentemente mala y que en consecuencia está muy lejos de ser evidente que la política monetaria prudente busque evitarla, o amortigüe sus efectos al precio que sea. Es cierto, la deflación crea una gran cantidad de perdedores, y muchos, la mayor parte de estos perdedores son gente inocente, trabajadora, que no ha sido lo suficientemente prudente para moderar la contratación de sus créditos y anticipar el evento deflacionario. Pero la deflación también crea muchos ganadores, y lo más interesante es que castiga a los “empresarios” mercantilistas que han lucrado con sus conexiones con aquellos que tienen el control de la producción del dinero fiduciario, esto es, con el gobierno.

Ciertamente que la deflación no es una especie de inversión de la inflación previa y que repara el daño hecho en las redistribuciones previas. Trae consigo un nuevo round de redistribuciones que se agrega a los rounds previos inducidos por la inflación. La conclusión importante es que toda política monetaria tiene efectos redistributivos. Si se estable la deflación y se combate re inflando esta política implica también una redistribución en la que habrá forzosamente ganadores y perdedores.

En consecuencia no existe racionalidad económica para establecer una política monetaria que sea una lucha ardiente y frontal contra la deflación en lugar de que la deflación siga su curso natural. Ninguna política monetaria beneficia en país alguno a todos sus pobladores: Siempre una parte de la sociedad sacará beneficio de la otra. Ningún servidor público leal puede de forma testaruda o visceral fijar una postura en contra de la deflación, y tampoco podrá invocar a la autoridad de la ciencia económica para respaldar su postura anti deflacionaria.

Pero existe un punto de vista final que amerita consideración y que es de hecho el punto decisivo de nuestro problema: Existen fundamentalmente dos opciones a seguir en la política monetaria, en la primera, la que hemos venido siguiendo, es incrementar la cantidad de dinero, la segunda opción es dejar de hacerlo. Ahora la pregunta es, si queremos seguir despedazando el valor del dinero hasta que colapse todo el sistema fiduciario, o, dejar que las cosas sigan su cauce. ¿Estamos concientes del peligro que representa el colapso de todo el sistema financiero actual? ¿Qué falsos mesías emergerán? Me preocupa que por condiciones semejantes surgió la peor bestia que ha conocido la humanidad Adolf Hitler….

2 comentarios:

  1. Con la deflación, queda claro que el Capitalismo distribuye mejor la riqueza que el Socialismo. Sobre todo tomando en cuenta que esa riqueza se puede ir a quienes hicieron méritos manejando sabiamente su capital.

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  2. Art,

    Así es, muy bueno tu comentario!

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