Esta segunda obra
de infraestructura sujeta también a la consulta popular al pueblo “sabio”. Es
una obsesión para los gobiernos mexicanos desde tiempos de Guadalupe Victoria, que, se soñaba con conectar el Pacífico con el Atlántico.
Ya con Benito Juárez, el 14 de
diciembre de 1859, el embajador estadounidense, Robert M. McLane, y el ministro
de Relaciones Exteriores, Melchor Ocampo, firmaron el Tratado, cuyo artículo 1°
era muy claro: “La República Mexicana cede a los Estados Unidos a perpetuidad,
y a sus ciudadanos y propiedades, el derecho de vía por el istmo de
Tehuantepec”.
Para fortuna de
México , el Tratado McLane-Ocampo, debido a la división en el congreso
estadounidense, fue rechazado por el Congreso Estadounidense, de otra forma
Juárez habría pasado a la historia como un “Vende Patrias”.
Con Porfirio Díaz
el empresario británico Weetman Pearson,
trabó amistad con Porfirio Díaz, su ministro de Hacienda, José Ives Limantour,
y su suegro, Manuel Romero Rubio. Estos contactos permitieron a Pearson lograr
la construcción del Ferrocarril de
Tehuantepec y sus dos terminales: Salina Cruz, en el Pacífico, y Coatzacoalcos,
en el Golfo. Obra que fue inaugurada en 1907 como el Ferrocarril Nacional de
Tehuantepec.
En sus primeros
años de operación la carga interoceánica pasó de 350 mil 233 toneladas en 1908
a 850 mil 827 en 1913, hacia 1914 la carga se redujo a 255 mil toneladas y en
su último año de operación, en 1922, a solo 45 toneladas, de acuerdo con
información de Antonio E. Vera, en su ensayo político escrito en 1924, El
fracaso del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec.
Hace 100 años, en
1914, varios hechos eliminaron el corto éxito de una ruta ferroviaria que se
había convertido en una obsesión para la administración mexicana durante el
siglo XIX, entre ellos la apertura del Canal de Panamá, la Revolución mexicana
y el inicio de la Primera Guerra Mundial.
Las cifras de explotación del FC de Tehuantepec y Puertos, al arrojar
una pérdida, hicieron ver claramente a Pearson & Son que aún en plena paz
no volvería a florecer la empresa como antes de la apertura del Canal de
Panamá; había perdido su mejor clientela.
Ante las pérdidas
y la rescisión del contrato con Pearson en 1918, el ferrocarril pasó a formar
parte del gobierno y luego de Ferrocarriles Nacionales de México, cuando se
formó esta entidad. Con la privatización del sector en 1994, fue una excepción
en el modelo de apertura, ya que por considerarlo estratégico para la soberanía
del país se alertó sobre los riesgos político y sociales que implicaba dejar a
agentes privados en este proyecto. Por esta razón se decidió convertir al
ferrocarril en una empresa estatal, responsable de la vía y de su mantenimiento.
Sin embargo es
una vía que no tiene hoy trenes.
Gerardo Esquivel
asesor de AMLO considera que hay que reactivar el asunto y creé él, tan sólo
creé que China es el paso lógico para hacerlo realidad. En una nota de
El Financiero “Es el tipo de proyecto en el que China seguramente querrá
invertir, porque son proyectos de infraestructura a largo plazo con rendimientos
claramente positivos”, dice Esquivel. Se prevé que el proyecto cueste 7 mil
millones de dólares tan sólo en el primer año y requiera una combinación de
fondos públicos y privados.
También en el
artículo que se hace referencia se explica que,
China tiene un
historial algo triste de inversiones en la infraestructura mexicana. Beijing
intentó impulsar otro gran proyecto hace cuatro años -un enlace ferroviario de
alta velocidad que conectaría la Ciudad de México con la ciudad de Querétaro-.
El presidente Enrique Peña Nieto se vio obligado a cancelar un contrato
adjudicado a un consorcio encabezado por China Railway Construction
Corp-vergonzosamente apenas dos días antes de una visita a Beijing- después de
fuertes críticas por la falta de transparencia. Luego se supo que la mansión de
la familia, llamada la Casa Blanca, del presidente había sido pagada por un
contratista que era miembro del consorcio de trenes encabezado por la compañía
china.
Ése es
exactamente el tipo de escándalo de corrupción y amiguismo que AMLO está
prometiendo erradicar.
Así que esto está
sujeto a ver si los chinos … o los
gringos…
Pero lo cierto es
que la causa de la quiebra del primer tren, el de Pearson fue el Canal de
Panamá, y también será la causa que esta obra loca de AMLO-Esquivel sea un
barril son fondo de pérdidas.
¿Por qué?
Porque el Canal de
Panamá ha sido modernizado, y ampliado y las obras se concluyeron el pasado
octubre de 2016.
El Canal ahora
puede recibir buques Neopanamax, así denominadas las nuevas embarcaciones que
tienen una capacidad superior para cruzar por la reciente ampliación de la vía
interoceánica panameña.
Los buques de
mayor calado tenían capacidades más allá de lo que permitían las antiguas
esclusas, que eran para embarcaciones de hasta 4,000 contenedores (teus) de
20,000 pies o poco más de seis metros de largo y 2.6 metros de alto. Ante esta
limitación del canal panameño, varias navieras debieron utilizar otras rutas
como el Canal de Suez, por donde podrían los grandes barcos, aunque el trayecto
tardará unos 15 días más en el recorrido de ida y vuelta.
Con la
ampliación, la capacidad de la ruta panameña permite ahora el trasiego de
buques de 14,000 pies. Como el que se muestra en la fotografía que cruza el
Océano Pacífico en 4 (cuatro) días así que los 2,000 km de Tehuantepec a Panamá
son quizá tan sólo un día más.
Y, con la
modernización del Canal, su cruce es cuestión de menos de 10 horas.
Y si este barco
puede pasar por ahí, es evidente que es mucho mejor que la mercancía permanezca
en el barco y continué a su destino final pe en Europa. Y no como la opción de
Tehuantepec AMLO-Esquivel que implica descargar el barco, cargar varios trenes,
porque un barco de estos tiene cerca de 15,000 contenedores, tan sólo imaginen
la cantidad de trenes que se requerirían, así que eso tomaría, no sé quizá
semanas llevar toda la mercancía al puerto opuesto y cargar otro buque de
idénticas dimensiones para que continúe su ruta.
Y no sólo
contenedores, en la Revista Forbes el artículo titulado El
buque de autos más grande del mundo cruza el Canal de Panamá nos reseña que
buques como el Höegh Target que tiene capacidad para transportar 8,500 autos ya
cruzan el nuevo Canal de Panamá.
Así que con
chinos o sin chinos, el ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, es una obra de
infraestructura que NO debe realizarse porque es inviable su rentabilidad. Al
igual que el de Pearson en tiempos de Díaz, quebrará porque no podrá competir
eficientemente con el Canal de Panama.
Y para terminarla
de fregar: Nicaragua
construye al rival del Canal de Panamá. Así que con estos ahora serían dos
los competidores que podrían pasar buques de gran calado pues el “sueño”
mexicano deberá de quedarse en eso en un sueño y no concretarse jamás, sería
como tirar el dinero a la basura. Pero decidirá el “Pueblo Sabio”.
Yo creo que a Gerardo
Esquivel le haría mucho bien un
viajecito a Panamá. Digo, para que sienta una dosis de realidad y vea contra
que está compitiendo la obra que votará “el pueblo sabio”.
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