El Mayor de los Males, el Capitalismo
El dogma
fundamental para todas las variedades del socialismo y comunismo es que la
economía de mercado, o capitalismo es un sistema malvado que lastima los
intereses vitales de la gran mayoría de las personas para beneficio de una
minoría rapaz. Condena a las masas al empobrecimiento. Trae la miseria, la
esclavitud, la opresión y la explotación del trabajador, mientras que enriquece
a una clase de parásitos holgazanes.
Esta doctrina no
es original de Marx. Se desarrolló mucho antes que él entrara en escena. Sus
más famosos propagadores no fueron autores Marxistas, sino hombres como los
Fabianos británicos, Carlyle y Rushkin, los profesores alemanes, y los
“liberales” académicos estadounidenses. Y es muy significativo que lo
incorrecto de este dogma fue disputado sólo por unos cuantos economistas que
pronto fueron silenciados y bloqueados en las universidades. La mayoría de la
opinión pública acepta sin reservas la condena al capitalismo. Es por esto, que
economistas como Von Mises, Hayek, Friedman, Buchanan entre otros no son
conocidos ni por los estudiantes y menos por el público.
El Socialismo
Pero, por
supuesto, las conclusiones en la práctica política de este dogma no han sido
uniformes. Un grupo declara que no hay otro camino más que borrar de la faz de
la tierra este sistema malvado y rapaz, esto es abolir completamente el
capitalismo. Ellos abogan por el reemplazo al control estatal de los medios de
producción en manos del control privado. Ellos apuntan a establecer lo que es
denominado como socialismo, comunismo, planeación estatal, o capitalismo de
estado. Todos éstas etiquetas significan lo mismo, y de lo se trata es que ya
no más los consumidores con sus compras o abstenciones de compras, determinen
lo que debe de ser producido en qué cantidades y con qué calidades. Desde
ahora, una única autoridad central deberá de dirigir todas las actividades
productivas.
Intervencionismo o Economía “Mixta”
Otro grupo,
aparenta ser menos radical. Rechazan el socialismo tanto como el capitalismo.
Recomiendan una tercera vía, que está alejada tanto del socialismo “puro”, como
del capitalismo “libre”, y proponen una organización que está en medio de los
dos sistemas reteniendo, según ellos, de lo mejor de los dos. Este es el
intervencionismo que incluso así está planteado en la Constitución mexicana, y
que en los hechos es practicado por la mayoría de los países del mundo.
Este sistema
ciertamente que es muy popular por la forma que tiene de manejar los problemas
económicos involucrados. Como ven las cosas, existen dos clases, los
capitalistas empresarios y por la otra los asalariados que discuten como las
ganancias del capital y las actividades empresariales. Ambas partes reclaman el
pastel para ellos mismos. Ahora viene la mediación con el estado como árbitro
que “redistribuye” la riqueza de los ambiciosos capitalistas y le reparte parte
de sus utilidades a los trabajadores. Así que es posible destronar al
capitalismo sin entronar el socialismo totalitario.
Pero esta forma
de juzgar el asunto es por completo falaz. El antagonismo entre capitalismo y
socialismo no es la disputa sobre cómo distribuir el botín. Es una controversia
de dos esquemas de organización económica y de cuál de ellas lleva a lograr
mejores resultados esto es proporcionar bienes y servicios y generar nivel
adecuado de vida a la gente. El capitalismo quiere estos logros mediante la
empresa e iniciativa privadas, sujeto a la supremacía de las compras o
abstención de compras por el público que adquiere. Los socialistas en cambio
quieren sustituir el mercado por un plan único diseñado por una autoridad
central. Ellos quieren poner en lugar de la “anarquía de la producción de Marx”
el monopolio exclusivo del gobierno. El antagonismo no se refiere al modo de
distribución de los productos. Se refiere a la forma de producirlos.
El conflicto
entre los dos principios es irreconciliable y no permite ningún acuerdo. El
control es indivisible. Ya sea que la demanda de los consumidores afecte al
mercado para decidir con qué propósito y cómo los factores de producción serán
empleados, o es el gobierno el que atiende esto. No hay nada que pueda mitigar
la oposición entre éstas dos principios contradictorios. Se excluyen uno con el
otro.
El
intervencionismo no es la panacea entre capitalismo y socialismo. Es el diseño
de un tercer sistema para la organización económica y como tal debe ser
considerado.
Los
intervencionistas enfatizan que planean mantener la propiedad privada de los
medios de producción, la actividad empresarial y el intercambio en el
mercado. Pero van para regular que las
instituciones capitalistas siembren el desorden y que injustamente exploten a
la mayoría de las personas. El papel del estado, es pues, restringir, mediante
órdenes y prohibiciones, la avaricia de los dueños del capital y medios de producción
que dañan a los pobres. Laissez-faire o capitalismo libre sin obstáculos es
maligno. Pero con el fin el eliminar su maldad, no existe necesidad de
eliminarlo por completo. Es posible mejorar el sistema capitalista mediante
interferencias y regulaciones gubernamentales que es mejor al totalitarismo
socialista y salvaguardar las características del capitalismo que es deseable
mantener.
¡La leche está muy cara! Control de Precios
El gobierno
decide que el precio de algún producto, por ejemplo la leche de vaca, es muy
alto. Quiere que sea posible que los pobres den a sus hijos más leche. Entonces
recurre a decretar un techo para el precio de la leche menor que el que
prevalece en el mercado libre.
El resultado es
que a ese precio los productores marginales de la leche incurren en pérdidas.
Como no puede un granjero individual ir a pérdidas, suspenden el vender la
leche en el mercado, la carestía llega. Ellos usarán la leche de sus vacas, que
tienen que seguir ordeñándose a propósitos más rentable. Por ejemplo ellos
producirán más mantequilla, quesos o carne. Habrá así menos leche disponible
para los consumidores, o ninguna. Esto, por supuesto no son las intenciones del
gobierno. Ellos querían hacer más asequible la leche para que adquiriera más.
Pero como resultado de esta interferencia en el mercado el suministro de leche
cae. La medida ha sido en detrimento de aquellos a quienes el gobierno suponía
ayudaría, desde el punto de vista de gobierno que la decretó es aún peor que el
estado previo que se suponía estuviera diseñado para mejorar.
Ahora, enfrenta
se enfrenta con alternativas: Puede revocar la ley y abstenerse en lo sucesivo
de tratar de controlar el precio de la leche.
Pero si insiste en mantener el precio de la leche por debajo de su nivel
de mercado libre y no obstante quiere evitar la caída en la oferta, de empezar
por eliminar las causas que hacen que no sea rentable vender a ese precio.
Entonces a su decreto original agrega otro en donde ajusta los precios de todos
los factores de producción requeridos para producir la leche a un nivel lo
suficientemente bajo para que los productores marginales de leche tengan
utilidades y se abstengan de escasearla. Pero entonces la misma historia se
repite en un plano más remoto al del producto final, la leche. El suministro de
factores requeridos para producir la leche caen, y otra vez el gobierno está
justo en donde empezó. Si no quiere admitir su error y abstenerse de manipular
los precios debe empujar todavía más allá de los factores inmediatos que producen
la leche, ahora deberá ir mucho más allá ajustando y ajustando precios de todos
los bienes y todos los factores de producción en la economía incluyendo los
salarios. Ninguna rama de industria alguna podrá ser omitida en este ajuste
global de precios y salarios y decretar también la cantidad que el gobierno
quiere ver produciendo. Si algún sector es omitido porque se le considera no
vital o de lujo, el capital y mano de
obra se trasladarán ahí y como resultado se dará la caída en el suministro de
aquellos precios que el gobierno ha fijado precisamente porque piensa que son
indispensables para las masas.
Ahora que el
estado tiene todo el control en los negocios, no puede más considerarse una
economía de mercado. No más los consumidores con sus compras o abstenerse de
sus compras determinan que debe, cómo y a qué precio producirse. Esto ya no es
más capitalismo; es planeación central de todo por el gobierno, es socialismo.
El Patrón Alemán Socialista
Este tipo de socialismo aparenta ser capitalistas: Mantiene a la vista y
nominalmente la propiedad privada de los medios de producción, precios,
salarios, tasas de interés y utilidades, En los hechos sin embargo nada contaba que no
fuera la autocracia irrestricta del gobierno. El gobierno ordenaba a los empresarios
que producir, en qué cantidad y calidad, a que precios vender, de quién y a que
precios comprar sus insumos. Decretaba con que salarios y donde los
trabajadores trabajaban. El intercambio en el mercado era una farsa, una
simulación. Precios, salarios y tasas de interés eran fijados por la autoridad,
así que eran sólo apariencias, en los hechos eran relaciones de magnitudes en
las ordenes del gobierno. El gobierno, y no los consumidores, dirigían la
producción. El gobierno dictaminaba los ingresos de los ciudadanos y asignaba a
cada quién la posición o rol en la que debía de desempeñarse. Este socialismo
es un disfraz grotesco del capitalismo. Es el Zwangswirtschaft del tercer Reich
de Hitler y la economía planificada de Inglaterra.
Los alemanes en la Primera Guerra Mundial, empezaron fijando techos a un
grupo reducido de bienes al consumidor que consideraban vitales, Como se
describió con la leche, era inevitable la falla de estas medidas que obligaron
a ir cada vez más lejos y con esto diseñaron el plan Hindenburg que acabó
poniendo todas las actividades económicas subordinadas a la exclusiva
subordinación de las autoridades. Con la derrota de Alemania todo este aparato
colapsó. Pero en 1931 el Canciller Brüning lo restableció así como sus
sucesores, el primero de ellos Hitler que obstinadamente se aferró a él.

Una
Intervención Conlleva Más Intervenciones
Lo que uno debe
de comprender es que los techos en los precios que afectan a algunos productos
fracasan para lograr las metas pensadas. Por el contrario, Producen siempre
efectos que desde el punto de vista del gobierno son aún peores que el estado
de las cosas previas y que el gobierno se embarcó en alterar. Si el gobierno,
en su afán de eliminar estas consecuencias indeseables, prosigue más y más
lejos, finalmente acaba por transformar el capitalismo y la libre empresa en
socialismo del patrón de Heidenbug o Nazi.
Y esto mismo es
verdadero con todo tipo de intromisiones en el fenómeno del mercado. Los
salarios mínimos, ya sea decretados u obligados por el gobierno o los
sindicatos mediante presión y violencia, tienen siempre como resultado el
desempleo que se prolonga año con año tan pronto se les ocurre subir los
salarios por encima de las condiciones del mercado. Los intentos de bajar las
tasas de interés para expandir el crédito generan, es cierto, un periodo de
negocios boyantes en auge. Pero la prosperidad creada es artificial e
inexorablemente termina en un bache y recesiones. La gente debe pagar ahora en
exceso la orgía del dinero fácil de los años que duró la expansión del crédito
y la inflación.
La recurrencia de
periodos de depresión y desempleo ha desacreditado a los ojos de la gente sin
juicio del capitalismo. Sin embargo, estos eventos no son el resultado de la
operación del mercado libre. Por el contrario, son el resultado de interferencias
del gobierno bien intencionadas pero mal aconsejadas. No hay forma de subir los
salarios y el nivel general del estándar de vida por decretos, sólo podrá
lograrse al acelerar el incremento en el capital comparado con el incremento en
la población. La única forma de elevar salarios es incrementar la productividad
al incrementar la cuota por habitante de bienes de capital. Todo lo que un buen
gobierno debe hacer para mejorar el nivel de bienestar de los ciudadanos es
establecer el estado de derecho e institucional para tener orden en donde no
existan obstáculos para la acumulación de nuevo capital progresivo requerido
para mejorar los métodos tecnológicos de producción. Esto es como hemos explicado
lo que ha logrado el capitalismo en el pasado y que lo logrará también en el
futuro si no es saboteado por políticas intervencionistas erróneas.
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